franja | 25 Juliol, 2008 08:58
José Miguel Gràcia*
Siempre he defendido que la mejor solución del conflicto de las 113 obras de arte provenientes de las parroquias de la Franja y ahora en el Museu Diocesà de Lleida, habría de venir después de un largo período de negociación. Creía y creo que era y es el único camino para que ambas partes puedan sentirse relativamente confortables con la solución. Por animar a la negociación no he logrado que se me publique una sola línea del tema en los periódicos de la capital de Aragón, sí lo he podido hacer en éste periódico y en el otro del Bajo Aragón, lo cual me hace pensar que en esta provincia gozamos de mayor libertad de expresión.
He dicho más de una vez que el haber sobrevalorado innecesariamente el conflicto hasta su consideración como problema entre el Gobierno de Aragón y la Generalitat de Catalunya, y más aún, entre Aragón y Cataluña, ha hecho de la disputa, entre dos obispados, una causa popular, por lo tanto, de casi imposible solución. Como toda reclamación de raíces centenarias, las razones de las partes son múltiples: las hay profundas y sutiles, dentro de un abanico histórico y jurídico, sin despreciar las políticas, y en este caso las político-eclesiásticas. Su evaluación no suele dar un resultado claro y menos aún de entendimiento popular. Por eso, siempre será mejor un acuerdo negociado, que tratarán de presentar como favorable a sus intereses cada una de las partes, que una sentencia de algún tribunal. Cualquier solución en que la que se hayan despreciado o minusvalorado las razones de una de las partes, tendrá mal final.
El acuerdo reciente de devolución entre los dos obispados llega tarde y sin participación de todos los protagonistas reales. El nuevo obispo de Lérida llega contento a su diócesis porque cree, así lo dice, que el conflicto ha entrado en vías de solución. Se olvida de que la gestión y, digamos, propiedad del Museu de Lleida es compartida por otras entidades. Vayamos a los hechos más recientes. Según se desprende de las declaraciones de los responsables directos del Museo, de las 113 obras, hay unas 30 que documentalmente se demuestra que fueron entregadas por las parroquias de la Franja en calidad de depósito de guarda y protección. Está bien claro, por lo tanto, quienes son sus propietarios: las parroquias, antes de la diócesis de Lérida y ahora de Barbastro-Monzón. En cuanto a las 83 restantes, siempre se han manifestado, tanto el Obispado de Lérida como el Museo que existe un grueso de documentación compuesto por cartas de pago de algunas obras, notas sobre compensaciones, donaciones más o menos documentadas i otros justificantes.
Dejando a parte todas las actuaciones anteriores, sentencias eclesiásticas, desacuerdos y acuerdos diocesanos, el hecho reciente a destacar y que puede dar un giro copernicano al conflicto, es la demanda que ha presentado la institución Amics del Museu de Lleida ante el juzgado número 4 de la ciudad. El juez José Luis Martínez se ha declarado competente en la materia. Hasta ahora, el conflicto se centraba en la devolución de las obras sin que las sentencias u órdenes de entrega al obispado de Barbastro justificasen la propiedad de las mismas, nudo gordiano del conflicto. Bien es cierto que aquellas sentencias eclesiásticas estaban destinadas a la resolución de un conflicto privado, convertido en público solamente con fines reivindicativos. La petición al Juez, José Luis Martínez, es ni más ni menos la siguiente: ¿quién o quiénes son los propietarios de las 83 obras de arte?
No entiendo muy bien por qué no ha sido más noticiable el hecho del desplazamiento del conflicto hacia la justicia ordinaria. Como era de esperar y ante la importancia del asunto, el obispado de Barbastro se ha personado en la causa. Las incógnitas son muchas respecto al tiempo en que se dicte sentencia, sobre cual será el tipo de propiedad que se establecerá, sobre cuántas obras serán declaradas en un tipo o en otro, cómo podrá ejercerse la propiedad, cuales serán los límites en el caso que los hubiere etc., etc. ¿Y en qué lugar quedarán las resoluciones de los tribunales eclesiásticos, incluidas las del Tribunal de la Rota? No sé si en la petición al Juez se reclama el derecho de usucapión, pero en fuentes cercanas al Museu de Lleida si se esgrime, y que consiste en la adquisición de un derecho mediante su ejercicio en las condiciones y durante el tiempo previsto por la ley.
A fuer de repetirme hasta el infinito, creo que todas las partes implicadas, bien harían en sentarse en una mesa de negociación y buscar una solución. Siempre es tiempo de acuerdos. Para estos asuntos tan complejos, la justicia ordinaria tiene soluciones también, no obstante suelen ser a largo plazo y a veces las soluciones así mismo suelen ser complejas, o lo que es peor, soluciones muy claras en las que una de las partes queda en muy mal lugar. Negocien por si acaso.
Escritor*
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