Aragón también va a las urnas
franja | 01 Novembre, 2006 00:20
http://www.heraldo.es/heraldo.html?noticia=181925
Aragón también va a las urnas
Miles de aragoneses están llamados a votar en los comicios autonómicos que el miércoles se celebran en Cataluña. Aunque plenamente integrados allí, mantienen intactos los lazos con su tierra y no se les escapan los conflictos que amenazan la buena vecindad.
PILAR ESTOPIÑÁ. Barcelona | Son las ocho de la tarde. El polideportivo está abarrotado y en unas gradas laterales unos jóvenes en pie ondean banderas al ritmo que impone la trepidante melodía. El público espera impaciente, aunque saben que no se perderán detalle: una enorme pantalla dará cuenta en tiempo real de la llegada del candidato. Parece que estamos en Texas, pero no, esto es Sabadell (Barcelona) y queda justo una semana para que los catalanes acudan a las urnas por segunda vez en un año. Nuestra misión es saber si estos crispados comicios interesan o alteran la vida cotidiana de la importante colonia aragonesa afincada en Cataluña, que también está llamada a las urnas (actualmente son 126.883 las personas nacidas en Aragón que residen en esta Comunidad, según los datos facilitados por el Instituto de Estadística de Cataluña).
"Por supuesto que nos afectan las elecciones. Hay bastante interés porque se sale de una situación muy complicada y no está claro qué va a pasar". Lo afirma -esperando el inicio del mitin- Antonio Albás Broto, nacido en la localidad oscense de Colungo hace 70 años. Su caso describe la historia de Aragón. Tuvo que dejar su tierra cuando cerraron la escuela de Seira, ubicada en el valle de Benasque, y su esposa, maestra como él, se quedó sin trabajo. "La única manera de tener un empleo los dos era trasladarnos a Barcelona", explica. Y se quedaron. Hace 36 años que viven en Sabadell, donde Antonio ha llegado a dirigir dos colegios.
Su perfil es chocante: es secretario de la federación mundial de las casas aragonesas, dirige la de Sabadell, mantiene intactos los lazos con su pueblo natal y está afiliado a CiU. Antonio explica que esta convivencia de intereses, que pueden parecer contradictorios, es posible porque él es nacionalista. "Veo cosas muy buenas en la Chunta y tengo a mis amigos en el PAR", afirma con la voluntad conciliadora de quien ha sabido integrarse y ser cabeza visible de los suyos dentro de Cataluña.
¿Aragón en la campaña?
Mientras lo cuenta, llega el esperado candidato y Antonio, sin pensárselo dos veces, se acerca a saludarle:.
P.-¿Qué tal está, señor Mas? .
R.- -Todo bien, todo bien.
El "heredero" de Pujol se presenta accesible, con su inmutable sonrisa en los labios y el mismo rostro de triunfador que reflejan los carteles que inundan Cataluña. Sorprendentemente, ningún responsable de campaña coarta nuestro acceso a él. Es la nuestra:.
P -Señor Mas, ¿se acuerda CiU de los intereses de la numerosos aragoneses que viven en Cataluña?.
R -Nos acordamos de todos, porque defendemos un solo pueblo.
P.-Pero el Vaticano les ha vuelto a decir que deben devolver los bienes del Aragón Oriental.
R. -Bueno, ahí hay una discrepancia de fondo.
P. -¿Y el Archivo de la Corona? .
R. -Eso está bien resuelto en el "Estatut" y habrá que ver qué dice el Constitucional tras el recurso presentado por Aragón, pero recuerde que el "Estatut" fue aprobado por varios partidos, entre ellos el del presidente de Aragón..
No hay más tiempo. Su público le aclama a gritos, coreando el eslogan electoral: "¡Mas 'president', Mas 'president!". Y el hombre de la perenne sonrisa se pierde entre los centenares de asistentes. Avanza estrechando manos, derrochando simpatía, segurísimo de sí mismo.
El previsible ganador de las elecciones catalanas (al menos en votos, según casi todos los sondeos) no se ha salido del guión en su breve conversación con nosotros. ¿Y qué piensa Antonio? "La verdad es que lo del "Estatut" no lo he leído y, en mi opinión, los bienes del Aragón Oriental deberían ir a sus pueblos de origen", explica. Y es que aunque los intereses de los aragoneses no están directamente en la campaña catalana, los puntos de fricción entre los Gobiernos de ambas Comunidades no dejan indiferentes a los ciudadanos. Pero afortunadamente el enfrentamiento no parece llegar a la calle.
"Hay una disfunción entre la élite política y lo que piensan los ciudadanos. Pasa con los bienes del Aragón Oriental y también con el uso del catalán. Ellos llevan la lengua como bandera y, sin embargo, en la vida cotidiana no representa un problema real". Quien habla ahora es Verónica Fumaral Callau. Para charlar con ella y con su novio nos hemos trasladado a uno de los "puntos calientes" de las relaciones vecinales: la antigua sede del museo del Archivo de la Corona de Aragón, ubicado en la Plaza del Rey, en el corazón de Barcelona.
Verónica tiene 24 años y hace seis dejó Plan (Huesca) para instalarse en Barcelona y cumplir con su vocación: estudiar Ciencias Políticas. Ya ha acabado la carrera, pero tiene claro que, de momento, se queda en Cataluña. Tan convencida está, que su novio, Andrés Ballarín Puértolas, de 26 años, también ha dejado San Juan de Plan para vivir con ella en Barcelona, donde ya trabaja como cocinero en un restaurante que combina los platos tradicionales catalanes con la cocina de diseño. Los dos se sienten integrados.
Como en el caso de Antonio Albás, la vivencia de Andrés y Verónica también ayuda a escribir la historia de Aragón, pero la más reciente. El curso pasado, 153 estudiantes solicitaron a la Universidad de Zaragoza el traslado de su expediente a Cataluña, la mayoría porque en su Comunidad no podían cursar la carrera que querían. El dato recoge sólo a los alumnos que este año han hecho primero, no a todos los estudiantes desplazados, una cifra difícil de cuantificar. Por ejemplo, sólo en Lérida, y a la espera que de que cierre el plazo de matriculación, se cuentan 463 universitarios aragoneses.
A vueltas con la lengua
La experiencia parece funcionar. "¿Discriminación por la lengua o la procedencia? -pregunta retóricamente Verónica-. En absoluto. Estoy haciendo el doctorado y cuento con una beca de investigación del Instituto de Ciencias Políticas y Sociales asociado a la Diputación Provincial de Barcelona, sin tener el famoso nivel C de catalán, así que no creo que nadie me haya discriminado". Andrés le secunda: "No hablar catalán no ha sido un problema para encontrar trabajo".
A la cita con los dos jóvenes acude también Cristóbal Ruberte Remón, que en 1954 cambió Magallón por Badalona, donde es presidente de la casa de Aragón. Él vino por trabajo, pero aclara que no porque faltase en su pueblo, sino porque quería ser panadero, como sus tíos, que vivían en Cataluña; aunque finalmente trabajó como mecánico hasta su jubilación, hace cuatro años. En todo este tiempo, siempre se ha sentido "integrado".
La pregunta ante la placa del Archivo de la Corona (escrita en castellano y catalán) es inevitable: ¿Hablan los ciudadanos de esta polémica entre Aragón y Cataluña? "La verdad es que creo que aquí esto no llega mucho. Fue bastante más polémico lo de los 'papeles' de Salamanca", dice Verónica. "Algo he oído, pero no sé si la gente está muy informada", le secunda Cristóbal. Los tres comentan que el miércoles irán a votar, y se quedan hablando de los asuntos que sí les preocupan: Aragón, la vivienda...
Los enfrentamientos políticos parecen estar lejos de los ciudadanos, pero no sólo en lo relativo a los temas aragoneses. "En estas elecciones la sensación general es de pasotismo, hay una gran decepción", explica Carlos Merino, un joven periodista de Barcelona Televisión que cubre la campaña.
Y por eso los candidatos se esfuerzan en parecer -tal como reza uno de los eslóganes de campaña que encontramos en el Paseo de Gracia- "humanos como tú". Una inquietante afirmación para todos a los que se dirige: catalanes de nacimiento o de adopción.
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HERALDO DE ARAGÓN 30/10/2006 página 25
DE FUTURO, PANTANOS Y MORAS
"Canción de mañanada. Serrat en un transistor, y un coro de vecinas en el patio interior. Canción de mañanada. ¡Qué lejos queda Aragón!. Casa mía entre barzas, ¿cómo te olvido yo?. Moras del Pirineo donde nacimos los dos: a ella la echó un pantano, yo quise algo mejor. Rueda que rueda el mundo, con él rodando ella y yo... En este piso oscuro ese rodar terminó".
Es el llanto de la tierra que desde Cataluña han entonado alguna vez miles de aragoneses. "Mermelada de moras", de la Ronda de Boltaña, resume en unas estrofas una realidad que ha unido irremediablemente, a veces con amargura, a dos Comunidades hermanadas por la ley de la oferta y la demanda (mano de obra y trabajo) y, por supuesto, por la proximidad.
"La gente venía a Cataluña a trabajar. En el pueblo se quedaba el heredero y el resto de los hermanos emigraban. También las mujeres venían a servir aquí porque se pagaba mejor", explica Cruz Barrio, bibliotecaria del Centro Aragonés de Barcelona.
El éxodo rural vivió su apogeo a finales de la década de los 50 porque, como recuerda el historiador Carlos Serrano, "en esos años se pone en marcha el plan de estabilización que trae un desarrollo acelerado, pero con una ideología clara: es más fácil kover recursos a donde ya hay algo generado que desplazarlos a las áreas rurales". La huida se sirvió en bandeja: "La gente se va de sus pueblos porque se cierran escuelas, porque se carece de servicios y por la propia búsqueda de un horizonte profesional y personal más digno", apunta Serrano, que trabaja en el Centro de Desarrollo de áreas rurales vinculado al Rolde de Estudios Aragoneses.
La unión de estos desplazados al calor de la industria catalana fue haciendo la fuerza. "En esta situación, surge, desde Cataluña, una corriente reivindicativa con tintes aragonesistas que está muy sensibilizada con la despoblación de las comarcas de las que ellos venían", relata Serrano.
Ya son los años 70, la democracia se abre paso y los emigrantes aragoneses empiezan a hablar del Ebro y del papel de Aragón como suministrador de mano de obra, de energía y de materias primas, pero no como motor de desarrollo. Empiezan a movilizarse para denunciar este desequilibrio. Y, como recuerda este historiador, "es muy significativo que en las manifestaciones autonomistas celebradas en el 76 en Caspe y en el 78 en Zaragoza siempre había pancartas de emigrantes, y los de Barcelona eran los más activos, con lemas como 'Queremos volver'. Deede Aragón, Andalán ponía voz a esas reivindicaciones.
La segunda ciudad de Aragón
El fenómeno de la emigración vivió una explosión en aquella época, pero no era nuevo: "En el primer tercio dle siglo XX el desplazamiento de la población también fue muy fuerte. En 1930, en Barcelona había 80.900 personas nacidas en Aragón, un ocho por ciento de la población de la capital catalana", indica Antonio Peiró, historiador de la Universidad de Zaragoza que actualmente prepara un libro sobre las organizaciones aragonesas en Cataluña en el primer tercio de siglo. Con la población citada, Barcelona era ya entonces la segunda 'ciudad aragonesa'.
También hoy el número de aragoneses que viven en Cataluña es elevado, aunque -según confirman los datos del Instituto de Estadística de Cataluña- el 'trasvase' de población va en claro retroceso: de las más de 171.000 personas nacidas en Aragón que vivían en Cataluña en 1981 a las cerca de 127.000 que residen ahora hay una notable diferencia.
Aún así, la cifra sigue siendo importante (en Cataluña hay 23 casas de Aragón), pero responde a otra realidad. "Existe una inmigración relacionada con temas relativos a estudios y a trabajos cualificados, porque hay muchos profesionales que en Aragón no pueden desarrollar su actividad y encuentran más oferta en Madrid o Cataluña", indica Serrano.
Una casa en Cataluña
Y desde 1909 hasta hoy, los aragoneses desplazados han tenido una casa en Barcelona donde encontrar apoyo en circunstancias difíciles. "En los años 60 la gente apenas podía viajar a casa y se juntaban aquí, en el Centro Aragonés de Barcelona, para sentirse más respaldados. Ahora tenemos 2.000 socios, pero evidentemente la situación es muy diferente", indica Silvia Pérez, miembro de la Junta del Centro Aragonés en Barcelona.
La institución se ha ido adaptando a las nuevas necesidades. Al folclore (sigue habiendo clases de jota y rondalla) se une la celebración de ciclos de cine o festivales de música tradicional, todo en clave aragonesa. Estos días, también puede visitarse una exposición del fotógrafo de HERALDO Luis Mompel.
En el Centro, volcado ya en la preparación de su centenario, también se celebra estos días que, por fin, va a restaurarse el Teatro Goya, un edificio de su propiedad ubicado en la misma calle, Joaquín Costa. La empresa Focus lo ha alquilado por 25 años, Josep Maria Pou será su director artístico y ya cuentan con un consorcio para pagar las obras, que contarán con el apoyo económico del Gobierno de Aragón. Un ejemplo más de vida y cultura compartida durante décadas.
PILAR ESTOPIÑÁ